Los contratos de alarma con marketing engañoso y permanencia abusan del cliente
Muchas empresas de seguridad promocionan sus sistemas con el eslogan podemos detectar cualquier intruso antes de que pueda entrar. Esta afirmación genera una expectativa que la tecnología actual no suele cumplir. En la práctica, la mayoría de alarmas se activan cuando ya se produce un intento de intrusión, como al romper un cristal o forzar una ventana, no antes de que el delincuente actúe. El problema principal surge cuando el cliente, tras instalar el sistema, comprueba que no funciona como se le vendió.
La letra pequeña y la permanencia obligatoria
El reclamo publicitario suele ocultar los términos contractuales más importantes. Estos contratos incluyen cláusulas de permanencia que pueden extenderse por varios años. Si el usuario descubre que la detección no es tan anticipada como prometían y quiere cancelar el servicio, se enfrenta a penalizaciones económicas. La empresa puede exigir el pago de una cuota de liberación o el abono de las mensualidades restantes. Esto deja al cliente atrapado en un servicio que no cumple sus expectativas iniciales.
La realidad técnica frente a la promesa comercial
Tecnológicamente, es complejo predecir una intrusión antes de que ocurra. Los sistemas más avanzados usan cámaras con análisis de comportamiento o sensores perimetrales, pero incluso estos detectan cuando una persona se acerca o salta una valla, no cuando solo piensa en hacerlo. El eslogan omite esta limitación y vende una idea de seguridad absoluta e infalible. El cliente firma confiando en una protección casi mágica que, en el mejor de los casos, se reduce a una alerta rápida durante el hecho delictivo.
Así que pagas por un sistema que te protege antes del robo, pero el único momento en que realmente actúa antes es cuando detecta que intentas salirte del contrato.