El coste de tener coche asfixia a las familias y no es por el CO2
Los gastos asociados a tener y usar un vehículo privado en España siguen una tendencia al alza. Los datos actuales muestran que los ciudadanos destinan una parte creciente de su presupuesto a mantener su movilidad sobre ruedas. Este incremento se debe a varios factores que afectan tanto a la compra inicial como al uso diario.
Los impuestos y el seguro pesan más
El componente fiscal representa uno de los gastos fijos más importantes. El Impuesto de Circulación, que gestionan los ayuntamientos, y el Impuesto de Matriculación, para vehículos más contaminantes, suponen un desembolso anual. A esto se suma el coste del seguro, que varía según el perfil del conductor y del vehículo, pero que en general no deja de subir. Las primas se ajustan por la siniestralidad y el valor de las reparaciones.
Mantener el vehículo y repostar cuesta más
El gasto en combustible o energía es el más variable y perceptible para el usuario. Los precios de los carburantes fluctúan, pero la presión fiscal sobre ellos mantiene su coste elevado. En paralelo, mantener el coche en buen estado implica revisarlo periódicamente y afrontar reparaciones, cuyos precios también avanzan. Elementos como neumáticos, pastillas de freno o cambios de aceite suman a la factura total.
Para algunos, la ecuación empieza a incluir la opción de usar menos el coche o plantearse modelos de uso compartido, aunque la dependencia del vehículo privado en muchas zonas hace que esta decisión no sea sencilla. La movilidad personal tiene un precio cada vez más claro.