Italia traslada su industria a países con impuestos más bajos fuera de la UE
La industria italiana busca reducir costes trasladando fábricas a países fuera de la Unión Europea. Este movimiento responde a la presión competitiva global, donde los salarios más bajos y las normativas menos estrictas ofrecen una ventaja económica inmediata. Sectores como el textil, el calzado y ciertos componentes mecánicos son los que más se desplazan. Las empresas argumentan que esta estrategia es vital para sobrevivir en mercados donde el precio final determina quién vende.
Los destinos principales y sus ventajas económicas
Los flujos se dirigen principalmente al norte de África, Europa del Este no comunitaria y el sudeste asiático. Países como Túnez, Marruecos, Serbia, Ucrania, Vietnam y Bangladés atraen estas inversiones. Ofrecen mano de obra abundante a un coste muy inferior al italiano, además de incentivos fiscales y terrenos a bajo precio. Para las empresas, esto significa poder fabricar con márgenes más amplios o competir en precios sin perder rentabilidad.
Impacto en el tejido industrial italiano
Este proceso genera un debate intenso en Italia. Por un lado, se pierden puestos de trabajo en regiones históricamente industriales, lo que debilita el tejido productivo local y el saber hacer. Por otro lado, las empresas que deslocalizan partes de su cadena de suministro a menudo mantienen en Italia las fases de diseño, I+D y comercialización, consideradas de mayor valor añadido. El resultado es una reestructuración profunda del modelo industrial.
No es que el made in Italy desaparezca, sino que a veces solo la etiqueta final se cose en Italia, después de un largo viaje en barco. La geografía de la fabricación se redefine, pero el branding se queda en casa.