Pacto de Estabilidad europeo que frena la inversión pública italiana
El Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea, reactivado en 2024, establece normas estrictas sobre déficit y deuda pública que afectan directamente a Italia. Estas reglas obligan a los países miembros a mantener su déficit público por debajo del 3% del PIB y a reducir su deuda de manera constante. Para Italia, que tiene una de las ratios de deuda más altas de la zona euro, esto supone un marco que restringe su capacidad para financiar grandes proyectos de inversión pública. El gobierno italiano argumenta que necesita flexibilidad para invertir en infraestructuras clave y en la transición ecológica, pero el marco actual prioriza la disciplina fiscal sobre el estímulo económico a largo plazo.
El mecanismo de deuda y déficit que condiciona el presupuesto
El mecanismo clave es el procedimiento de déficit excesivo, que la Comisión Europea puede activar si un país incumple los límites. Esto inicia un proceso que puede terminar en sanciones financieras. Para evitarlo, Italia debe presentar planes presupuestarios que demuestren una trayectoria creíble de reducción de deuda. En la práctica, esto fuerza al gobierno a recortar gasto o aumentar impuestos para cumplir con los objetivos, en lugar de destinar esos recursos a invertir. Sectores como el ferrocarril de alta velocidad, la modernización de puertos o los programas de eficiencia energética para edificios públicos ven cómo sus fondos potenciales se limitan por esta prioridad fiscal.
El debate entre estabilidad financiera y necesidad de crecimiento
Existe un intenso debate en Europa sobre cómo equilibrar la necesaria estabilidad de las finanzas públicas con la urgencia de que países como Italia inviertan para crecer y modernizar su economía. Algunos economistas y políticos italianos sostienen que las reglas actuales son procíclicas, es decir, que obligan a ajustar el gasto precisamente cuando la economía podría necesitar un impulso. Proponen reformar el pacto para excluir de los cálculos del déficit la inversión pública verde y digital, una idea que encuentra resistencia en países más frugales del norte de Europa, que temen relajar la disciplina y asumir riesgos compartidos.
Así que Italia se encuentra en la peculiar situación de tener que pedir permiso en Bruselas para arreglar sus propios puentes o renovar sus escuelas, un proceso que a veces parece más un examen de contabilidad creativa que una planificación estratégica para el futuro.