La dependencia energética de Francia está condicionada por la UE
La dependencia energética de Francia está condicionada por las políticas comunes que diseña la Unión Europea. El país genera la mayor parte de su electricidad con energía nuclear, lo que le otorga una autonomía relativa. Sin embargo, debe integrar sus objetivos en un marco comunitario que prioriza las energías renovables y la seguridad del suministro para todos los estados miembros. Esta dinámica define cómo Francia planifica su transición energética y gestiona sus interconexiones con las redes europeas.
La política nuclear francesa se ajusta al marco europeo
Francia mantiene un parque nuclear extenso que reduce su necesidad de importar combustibles fósiles. No obstante, la Comisión Europea clasifica la energía nuclear bajo su taxonomía verde, lo que permite invertir en ella, pero también impone normas estrictas de seguridad y gestión de residuos. El país debe alinear sus decisiones sobre prolongar la vida útil de sus reactores o construir nuevos con la legislación y los objetivos climáticos colectivos de la UE. Esto a veces crea tensiones entre la soberanía nacional y la gobernanza comunitaria.
Las interconexiones y el mercado único limitan la autonomía
La red eléctrica francesa está fuertemente interconectada con la de sus vecinos. Aunque exporta electricidad, también depende de este sistema integrado para garantizar la estabilidad y cubrir picos de demanda. Las reglas del mercado único de la energía, que la UE impulsa, dictan cómo se comercia esta electricidad y cómo se reparten los costes. Así, la capacidad de Francia para decidir de forma aislada sobre su mix energético o sus precios se ve limitada por una arquitectura legal y física paneuropea.
Paradójicamente, el país que más independencia energética presume en el continente debe pedir permiso a Bruselas para definirla, mientras exporta electrones a sus vecinos que critican su apuesta atómica.