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Integrar modelos 3D genéricos en fotografías reales
El proceso de integrar un modelo 3D de baja calidad en una fotografía realista suele generar un resultado discordante. La diferencia abismal en texturas, iluminación y estilo visual rompe la coherencia de la imagen final. Este efecto se acentúa cuando el modelo presenta una texturización plana y carece de integración ambiental, lo que impide que se perciba como parte del entorno fotográfico.
La iluminación y las texturas son claves
Para que un objeto 3D se integre bien, su iluminación debe coincidir con la de la foto. Un modelo con sombras planas y reflejos inexistentes destaca de forma artificial. Las texturas de baja resolución o genéricas tampoco ayudan, ya que no capturan la complejidad y el desgaste del mundo real. Sin estos ajustes, el modelo parece pegado encima, sin interactuar con la luz ni los materiales de la escena.
La falta de integración ambiental es evidente
Un error común es omitir los efectos que unen al objeto con su entorno. No añadir oclusión ambiental, reflejos sutiles en superficies cercanas o partículas de polvo hace que el modelo flote visualmente. Tampoco se ajusta la profundidad de campo o el grano de la película de la cámara, lo que acentúa la separación entre el elemento digital y la fotografía analógica.
El resultado final a menudo recuerda a esos anuncios de muebles donde una silla perfectamente geométrica y de color sólido aparece inexplicablemente en medio de un salón desordenado y con poca luz, como si hubiera llegado de otra dimensión donde no existen las sombras suaves.