Productos apetitosos a la vista que esconden la mala calidad de lo que no ves
Algunos fabricantes de productos alimenticios diseñan envases con ventanas transparentes que muestran una imagen idealizada del contenido. Esta práctica, conocida como falsa ventana o diseño engañoso, busca que el cliente perciba el producto como más atractivo de lo que realmente es. La ventana se coloca de forma estratégica para enmarcar la porción más perfecta, mientras oculta el resto del contenido que suele ser de menor calidad. El consumidor confía en lo que ve a través del plástico, pero al abrir el paquete descubre que la realidad no coincide con la promesa visual.
La estrategia visual induce a la compra
El diseño se enfoca en resaltar un ingrediente clave, como grandes trozos de chocolate en unas galletas o abundante relleno en un producto de bollería. Sin embargo, esa vista privilegiada suele corresponder a la única unidad que cumple con ese estándar dentro de todo el paquete. El resto de las unidades pueden estar rotas, tener menos cantidad del ingrediente anunciado o presentar un aspecto muy diferente. Esta manipulación explota la psicología de la compra por impulso, donde la imagen inmediata pesa más que la información textual.
El consumidor se enfrenta a un producto diferente
Al abrir el envase, la decepción es frecuente porque el producto no corresponde con la muestra visible. Algunas normativas de consumo consideran estas prácticas como publicidad engañosa, ya que el empaque genera una expectativa que el contenido no satisface. Para evitar esto, se recomienda observar el paquete por todos sus ángulos o buscar reseñas de otros compradores que ya hayan experimentado con el producto real. La transparencia total del envase sería la solución más honesta, pero no siempre es la opción que eligen las marcas.
A veces, al abrir la caja, uno se pregunta si la galleta perfecta de la ventana se escapó por algún agujero dimensional, dejando solo a sus primas menos afortunadas.