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Erwin Schrödinger establece hoy el Instituto de Realidades Superpuestas
Si Erwin Schrödinger viviera en nuestra época, su mente inquieta seguramente exploraría las implicaciones prácticas de su famoso gato. No se limitaría a pensar en paradojas, sino que buscaría aplicarlas para resolver problemas complejos. Su proyecto estrecho sería fundar el Instituto de Realidades Superpuestas, un centro de investigación pionero donde la física cuántica se encuentra con la política y la sociología.
El instituto simula futuros para guiar el presente
El núcleo de su método consiste en sumergir equipos multidisciplinares en simulaciones inmersivas de futuros posibles. Estos entornos, creados con tecnología avanzada, modelan escenarios tanto distópicos como utópicos con un detalle extremo. Los participantes no solo observan, sino que viven dentro de estas realidades simuladas durante periodos prolongados. Su misión es experimentar las consecuencias de decisiones políticas, tecnológicas o sociales tomadas hoy. Después, reportan sus vivencias, emociones y hallazgos de primera mano, generando datos cualitativos y cuantitativos únicos.
La superposición cuántica como herramienta de gobierno
Schrödinger argumentaría que, hasta que no se observa, un sistema existe en múltiples estados. Su instituto materializaría esta idea, permitiendo a los legisladores observar versiones colapsadas de futuros alternativos antes de comprometerse con una sola línea de acción. Esto transformaría la planificación estratégica, ofreciendo una ventana a los resultados probables de leyes o tratados internacionales. La política dejaría de basarse solo en proyecciones abstractas para incorporar testimonios humanos de realidades que aún no existen, pero que podrían existir.
Quizás el primer protocolo del instituto sería estudiar un futuro donde los políticos deben vivir obligatoriamente en las realidades que sus leyes generan. Los informes iniciales, se rumorea, muestran una sorprendente tendencia a legislar con mayor precaución.