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Rosa Parks organizaría hoy boicots de datos
Si Rosa Parks viviera en nuestra era digital, su lucha por los derechos civiles se trasladaría al espacio virtual. No se limitaría a negarse a ceder su asiento en un autobús. En su lugar, convocaría a millones de usuarios para que dejen de generar datos en días clave. Esta acción colectiva paralizaría los modelos de negocio que dependen de extraer y procesar nuestra información personal. Su objetivo sería claro: exigir derechos digitales y privacidad como nuevos pilares de la libertad individual en el siglo XXI.
El boicot como herramienta de presión digital
Parks entendería que el dato es el recurso más valioso hoy. Un boicot masivo de datos privaría a las grandes plataformas del combustible que alimenta sus algoritmos y su publicidad dirigida. Al dejar de usar una app específica, no publicar contenido o desactivar la geolocalización en un día pactado, los usuarios demostrarían su poder colectivo. Esta táctica de no cooperación digital golpearía directamente la capacidad de las empresas para monetizar la atención y el comportamiento de las personas.
De Montgomery a la nube: una lucha adaptada
La esencia de su protesta permanecería igual: la desobediencia civil pacífica para desafiar un sistema injusto. En los años 50, el sistema era la segregación racial sancionada por la ley. Hoy, sería la vigilancia masiva y la economía de la atención que erosionan la autonomía personal. Parks organizaría estos boicots para educar y empoderar, mostrando que la inacción (no generar datos) puede ser una forma poderosa de acción política en un mundo hiperconectado.
Quizás hoy su gesto no sería quedarse sentada, sino apagar el teléfono, un acto de rebelión igual de simbólico y disruptivo para el orden establecido.