La impresión 3D crea órganos con vasos sanguíneos funcionales
La bioimpresión 3D avanza para fabricar tejidos humanos complejos que incluyen redes vasculares. Los investigadores diseñan estructuras con canales internos que imitan venas y arterias. Estas vías permiten que la sangre fluya y nutra todas las células del tejido. Sin esta red, las células en el centro de un órgano impreso no reciben oxígeno y mueren. Por eso, integrar un sistema vascular es el paso clave para generar órganos trasplantables que funcionen a largo plazo.
Las técnicas actuales para bioimprimir vasos
Los métodos principales usan bio-tintas especiales y andamios solubles. Una estrategia común es imprimir un andamio de un material que luego se disuelve, dejando huecos que se convierten en canales. Otra técnica, la bioimpresión por inyección, deposita células y un material de soporte de forma simultánea para definir la estructura vascular. Algunos enfoques emplean células endoteliales, que son las que naturalmente recubren los vasos sanguíneos, para que estas se organicen y formen tubos estables dentro del tejido impreso.
Los desafíos para lograr órganos completos
El principal reto es conectar la microvasculatura impresa con el sistema circulatorio del paciente. Los vasos deben ser lo suficientemente robustos para soportar la presión sanguínea y evitar fugas. Además, se necesita que los diferentes tipos celulares se integren y comuniquen correctamente para que el órgano realice su función específica, como filtrar sangre en un riñón o contraerse en un corazón. La escala también es un obstáculo, ya que imprimir un órgano del tamaño de un hígado humano adulto requiere una gran precisión y tiempo.
Quizás el mayor desafío no sea imprimir el órgano, sino convencer al cuerpo de que no es un extraño y evitar que el sistema inmune lo rechace, un problema que ni la impresora más avanzada puede resolver con solo apretar imprimir.