Los datos del volcán Axial ayudan a afinar las predicciones de erupción
Los geofísicos que estudian el volcán submarino Axial, el más monitoreado del mundo, usan sus datos para afinar cómo predicen las erupciones. Este volcán, situado en el Pacífico noreste, tiene un patrón de actividad que los científicos pueden medir con precisión. Instalaron una red de sensores en el fondo marino que registra terremotos, deformaciones del suelo y cambios químicos. Esta información constante permite probar y mejorar los modelos que anticipan cuándo entrará en erupción un volcán. La última predicción, que señalaba 2025, no se cumplió, lo que ofrece una valiosa oportunidad para revisar los cálculos. Ahora, el siguiente pronóstico apunta al año 2026.
Una red de sensores captura cada detalle del volcán
El proyecto que vigila el Axial se llama Cabled Array y es parte de la iniciativa Ocean Observatories. Consiste en cables de fibra óptica y energía que alimentan instrumentos colocados directamente sobre la caldera y sus alrededores. Estos dispositivos miden la sismicidad, la presión del agua, la temperatura y la inclinación del lecho marino. Transmiten los datos en tiempo real a los laboratorios en tierra. Este flujo continuo de información es crucial, ya que elimina la necesidad de recoger datos de forma intermitente con submarinos. Los científicos pueden así observar cómo se infla y desinfla el volcán con el movimiento del magma bajo la corteza.
Los fallos en la predicción también aportan conocimiento
Que el volcán no entrara en erupción en 2025 no se considera un error, sino un resultado más del experimento. Los modelos se basan en la premisa de que el Axial acumula magma a un ritmo constante y que la presión del suelo aumenta hasta un punto de ruptura. El hecho de que no haya ocurrido sugiere que otros factores, como la geometría de las cámaras de magma o la resistencia de las rocas, son más complejos. Analizar por qué la predicción falló permite ajustar los algoritmos y las variables que usan. Este proceso iterativo de predecir, observar y corregir es la esencia del método científico aplicado a la vulcanología.
A veces, la naturaleza prefiere no seguir el guion que le escriben los científicos, recordándoles que, por muchos datos que tengan, el planeta aún guarda sus propios secretos.