La luz que acecha en la noche majorera
En las noches más solitarias de Fuerteventura, cuando el viento calla y las sombras se extienden como mantos negros, algo se despierta en la oscuridad. No es un simple fenómeno atmosférico, es una presencia consciente que observa desde la negrura, una luz antinatural que palpita con inteligencia propia y que parece alimentarse del miedo de quienes se atreven a caminar bajo su mirada luminosa. Los que han sobrevivido al encuentro describen cómo esta entidad lumínica modifica su trayectoria de forma deliberada, como si estudiara a su presa antes de decidir si seguirla o simplemente contemplar su desesperación desde las alturas.
El origen de la maldición lumínica
Las leyendas locales susurran sobre un pastor condenado a vagar eternamente, cuya alma se transformó en esta luz maldita que ahora atormenta a los vivos. Otros hablan de algo mucho más antiguo y siniestro, una entidad que siempre ha habitado estas tierras y que solo muestra su verdadera naturaleza cuando la luna se oculta y la humanidad se refugia en sus frágiles hogares. Los relatos coinciden en un detalle aterrador: la luz no simplemente aparece, emerge de la nada como si hubiera estado esperando pacientemente detrás del velo de la realidad, observando cada movimiento, cada respiración, cada latido acelerado de corazones asustados.
Los encuentros que marcan para siempre
Quienes han sentido su presencia describen cómo el aire se enfría de repente, cómo el sonido parece absorberse por completo y cómo una quietud sobrenatural se apodera del paisaje. Entonces aparece, primero como un punto distante que crece rápidamente, moviéndose con patrones imposibles que desafían las leyes de la física. Algunos testigos juran haber visto formas humanoides dentro del resplandor, siluetas que se retuercen en agonía eterna. Los menos afortunados relatan cómo la luz los persiguió kilómetros a través del malpaís, siempre manteniendo la distancia perfecta para infundir terror sin mostrar nunca sus intenciones completas, como un depredador que disfruta del juego mental antes del ataque final.
Quizás lo más terrorífico de todo es que la luz parece aprender de cada encuentro, adaptándose, perfeccionando su técnica de acoso psicológico. Los que lograron escapar sienten su mirada en cada noche oscura, sabiendo que el próximo encuentro podría ser el último, porque la luz de Mafasca nunca olvida a quienes han llamado su atención, y siempre regresa por aquellos que una vez consideró interesantes.
Y si alguna noche conduces por esos caminos desiertos y ves una luz acercarse, recuerda: no es un faro de esperanza, es la antesala de tu pesadilla personal, un recordatorio de que en Fuerteventura, la oscuridad tiene ojos y esos ojos brillan con una luz que no perdona.