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Fotografía móvil: Puntos de vista bajos y altos para perspectivas dramáticas
Al fotografiar con dispositivos móviles, cambiar la altura de la cámara transforma completamente la narrativa visual. Un punto de vista bajo, conocido como contrapicado, eleva visualmente al sujeto creando una sensación de grandeza y poder. Por el contrario, un punto de vista alto o picado puede transmitir vulnerabilidad o pequeñez, ideal para escenas intimistas o para mostrar contextos amplios. Estas perspectivas no convencionales rompen con la mirada a nivel de ojos, ofreciendo composiciones que inmediatamente captan la atención del espectador.
El contrapicado: cuando mirar hacia arriba cambia todo
Al colocar la cámara por debajo del nivel del sujeto, el contrapicado distorsiona la perspectiva de manera creativa. Los edificios parecen alcanzar el cielo, las personas se muestran imponentes y los objetos cotidianos adquieren cualidades monumentales. Esta técnica es especialmente efectiva en retratos dramáticos y arquitectura, donde las líneas convergentes hacia el cielo añaden dinamismo y una sensación de infinito. El cielo se convierte en un fondo limpio y poderoso que aísla al sujeto principal, eliminando distracciones del entorno.
El picado: la perspectiva que revela contextos
Cuando bajamos la cámara por encima de la escena, el picado nos permite abarcar más elementos en el encuadre. Esta perspectiva es perfecta para fotografiar multitudes, mostrar patrones en el suelo o crear imágenes que transmiten soledad o fragilidad. En retratos, un ligero picado puede suavizar las facciones y crear una conexión más íntima con el sujeto. Los paisajes urbanos ganan profundidad cuando se fotografían desde alturas moderadas, revelando la relación entre diferentes elementos arquitectónicos.
Recordemos que aunque estas técnicas son poderosas, abusar del contrapicado puede hacer que todas nuestras fotos parezcan tomadas por alguien que acaba de tropezar, mientras que el exceso de picado podría sugerir que tenemos miedo a acercarnos a nuestros sujetos. La clave está en la intencionalidad y en saber qué emoción queremos transmitir en cada situación.