El eco del primer clásico en la Liga U resuena en la oscuridad
La cancha del Palau Blaugrana se convierte en un escenario de pesadilla donde dos titanes se enfrentan por primera vez en esta competición, un partido que parece desarrollarse bajo una luna sangrienta. Cada canasto de los azulgrana suena como un latido acelerado en la penumbra, mientras el marcador avanza implacable como un presagio de lo inevitable. La victoria final de 81-73 no trae alivio, sino que deja una inquietud persistente en el aire, como si algo se hubiera roto para siempre en el tejido de la realidad deportiva.
La atmósfera opresiva del recinto
Bajo las luces tenues del pabellón, las sombras se retuercen entre las gradas repletas de espectadores cuyos rostros reflejan un terror contenido. Cada movimiento en la cancha parece coreografiado por fuerzas oscuras, con los jugadores moviéndose como marionetas en un teatro macabro. El eco de la pelota botando resuena como tambores funerarios, creando una sinfonía de angustia que se filtra en la mente de todos los presentes, sembrando semillas de locura con cada posesión.
El desarrollo del enfrentamiento
Cada jugada se desarrolla con la precisión de una pesadilla recurrente, donde los puntos se acumulan como gotas de sudor frío en la nuca. El marcador avanza de forma inexorable, como un reloj contando los segundos hacia un abismo desconocido. En los momentos finales, cuando el triunfo azulgrana se hace inevitable, se siente como si una presencia antigua hubiera estado observando desde las sombras, satisfecha con el sacrificio ofrecido en su altar deportivo.
Dicen que en el vestuario quedaron manchas oscuras en el suelo que nadie se atreve a limpiar, y que por las noches aún pueden escucharse los ecos de un balón fantasma botando en la cancha vacía, como si el partido nunca hubiera terminado y estuviera condenado a repetirse por toda la eternidad.