Un estudio en Jerusalén analizó ánforas de vino de hace 2.200 años y detectó que el campo magnético terrestre perdió más del 30% de su intensidad entre 206 y 155 a.C. La arcilla cocida de los recipientes registró este cambio, ofreciendo a la ciudadanía un método para datar objetos con más precisión que el radiocarbono. El hallazgo sugiere que el debilitamiento fue más rápido de lo estimado.
Cómo la arcilla cocida corrige la cronología 🧭
La técnica se basa en que los minerales de hierro en la arcilla, al calentarse durante la cocción, se alinean con el campo magnético de la época y quedan fijos al enfriarse. Los investigadores midieron la magnetización remanente en las ánforas y compararon los datos con registros históricos. Esto permitió acotar el periodo de declive con una resolución temporal que el carbono 14 no logra, ya que este último depende de la vida media del isótopo y tiene márgenes de error amplios para objetos de esa antigüedad.
Brújulas de la época: un GPS fallido 🧲
Imagina a un fenicio del siglo II a.C. intentando orientarse con una brújula mientras el campo magnético se desinfla como un globo pinchado. Más que indicarle el norte, le hubiera dado vueltas como una peonza. Menos mal que entonces navegaban por estrellas y no por apps; si no, habrían acabado preguntando direcciones en Cartago. Al menos, las ánforas sirvieron para algo más que emborrachar a los romanos.