Un estudio en ratones vincula estrógeno, intestino y bacterias con dolor abdominal crónico

Publicado el 24/12/2025, 5:31:30 | Autor: 3dpoder

Un estudio en ratones vincula estrógeno, intestino y bacterias con dolor abdominal crónico

Ilustración científica que muestra un diagrama del eje intestino-cerebro, con moléculas de estrógeno interactuando con células inmunitarias (neutrófilos) en el revestimiento intestinal, bacterias como Lactobacillus reuteri y nervios sensoriales que envían señales de dolor al cerebro.

Un estudio en ratones vincula estrógeno, intestino y bacterias con dolor abdominal crónico

Una nueva investigación con modelos animales revela un mecanismo biológico previamente desconocido que podría aclarar la mayor prevalencia de dolor abdominal crónico en mujeres. El estudio, publicado en la revista Cell Metabolism, identifica cómo las hormonas sexuales femeninas pueden iniciar una cadena de eventos que termina por amplificar las señales de dolor desde el intestino 🧬.

El circuito hormonal que conecta el estrógeno con el dolor visceral

Los científicos descubrieron que el estrógeno actúa como un interruptor clave en este proceso. Niveles elevados de esta hormona modulan la actividad de los neutrófilos, un tipo de célula defensiva ubicada en la mucosa intestinal. Al recibir la señal hormonal, estas células liberan grandes cantidades de una enzima llamada mieloperoxidasa.

La cascada bioquímica desencadenada:
  • La mieloperoxidasa oxida el triptófano, un aminoácido esencial que proviene de la dieta, dentro del entorno intestinal.
  • Esta reacción química genera metabolitos específicos que sirven como alimento para determinadas cepas bacterianas.
  • Bacterias como la Lactobacillus reuteri utilizan estos compuestos para proliferar, lo que altera el equilibrio de la microbiota intestinal.
Este eje estrógeno-inmunidad-microbiota representa un vínculo directo entre las hormonas y los trastornos funcionales digestivos que predominan en las mujeres.

De la disbiosis a la percepción aumentada del dolor

El cambio en la población bacteriana no es un hecho aislado. El aumento de bacterias como L. reuteri conduce a que produzcan más moléculas que actúan como señales químicas. Estas moléculas estimulan de forma directa y constante las terminaciones nerviosas sensoriales incrustadas en la pared del intestino.

Consecuencias de la activación nerviosa persistente:
  • Las neuronas envían impulsos de dolor más intensos y frecuentes hacia el cerebro.
  • Esto se traduce en una hipersensibilidad visceral, donde estímulos normalmente inocuos se perciben como dolorosos.
  • Los investigadores confirmaron el mecanismo al bloquear la enzima mieloperoxidasa o al modificar la dieta, lo que redujo el crecimiento bacteriano y alivió el dolor en los ratones.

Implicaciones para comprender trastornos como el síndrome del intestino irritable

Este hallazgo proporciona una explicación mecanicista sólida de por qué afecciones como el síndrome del intestino irritable (SII) afectan desproporcionadamente a las mujeres. Sugiere que las fluctuaciones hormonales naturales pueden, a través de este eje, modificar la sensibilidad al dolor abdominal. La ciencia ahora indica que las bacterias intestinales, alimentadas por señales hormonales, pueden estar detrás de esas molestias digestivas recurrentes 🔬.

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