Imagina que tu mejor amigo, ese que siempre tiene la respuesta perfecta, de repente empieza a interrumpirte cada dos frases para venderte un colchón. ¿Seguiría siendo tu mejor amigo o se convertiría en un vendedor pesado? Pues algo similar podría pasar con la inteligencia artificial si la ahogamos en publicidad.


Cuando la utilidad choca con el negocio

La magia de una buena IA reside en su capacidad de entendernos y ayudarnos de forma directa. Es como un asistente personal súper eficiente. Pero si cada interacción viene con un anuncio de zapatillas o un pop-up, esa magia se rompe. La experiencia deja de ser fluida y se convierte en un obstáculo. ¿De qué sirve que sea inteligente si su principal objetivo ya no es resolver tu problema, sino captar tu atención para venderte algo?

El riesgo de perder la confianza

Aquí hay un punto clave que a menudo se pasa por alto: la confianza. Usamos asistentes de IA para cosas importantes: buscar información, aprender, organizarnos. Si empezamos a sospechar que sus respuestas están sesgadas para favorecer a un patrocinador, su utilidad se desploma. Sería como preguntarle a un médico por un dolor y que te recete solo la marca de pastillas que más le paga, no la que mejor te va.

La verdadera inteligencia artificial debería ser transparente y tener nuestros intereses en el centro. Si se convierte en otro canal de marketing intrusivo, perderá su esencia. Al final, el reto está en encontrar un equilibrio donde la tecnología se financie sin traicionar su propósito de ayudarnos. Porque una IA que solo piensa en vender, al final, no piensa en ti.