¿Alguna vez te has preguntado qué hacen las grandes empresas con su tecnología cuando no la usan para su negocio principal? Imagina que Toyota, la gigante automotriz, decide que su software de diseño de coches es tan bueno que podría servir para otra cosa. Pues eso es exactamente lo que pasó.


Un motor de coches que se convirtió en motor de juegos

Resulta que Toyota tenía un sistema interno llamado Fluorite, creado para diseñar y probar coches de forma virtual. Piensa en ello como un videojuego ultra-realista para ingenieros. En lugar de dejarlo guardado en un cajón, tuvieron una idea loca: ¿y si lo convertimos en un motor para videojuegos reales? Así nació el Fluorite Game Engine, una herramienta para crear mundos 3D. Es como si tu taller de mecánica empezara a fabricar juguetes con las mismas herramientas.

Algo curioso que probablemente no sabías

Lo más fascinante es que esto pasó hace mucho, en 2007, y fue una de las primeras veces que una empresa de automoción se metía en el mundo del gaming. Aunque el proyecto no se convirtió en el Unreal Engine de la época, muestra cómo la tecnología puede saltar de un mundo a otro de formas inesperadas. La física para simular un choque puede servir para hacer que un personaje salte de forma realista.

A veces, la próxima gran idea no está en inventar algo nuevo, sino en mirar lo que ya tienes desde otro ángulo. Quién sabe, quizá la app de tu banco use un código originalmente escrito para guiar misiles. La tecnología tiene un sentido del humor muy peculiar.