Imagina que estás en una reunión de vecinos muy complicada, donde dos partes llevan décadas discutiendo sobre el jardín compartido. Ahora, uno de ellos decide cambiar las reglas de riego sin consultar. Eso es un poco lo que ha pasado esta semana en la política internacional, y ha hecho saltar las alarmas en Naciones Unidas.


La medida que ha encendido la polémica

El secretario general de la ONU, António Guterres, ha reaccionado a una decisión de Israel sobre Cisjordania, un territorio que administra desde hace tiempo. Piensa en ello como si alguien, en medio de una negociación para repartir una herencia familiar, empezara a mover muebles de la casa común. Guterres ha usado palabras fuertes: coercitiva y que erosiona las posibilidades de un acuerdo. Básicamente, ve este movimiento como un paso atrás en el ya de por sí difícil camino para lograr que existan dos estados vecinos viviendo en paz.

Algo curioso que probablemente no sabías

El papel del secretario general de la ONU es fascinante. No es un presidente del mundo con poder para ordenar cosas, sino más bien el principal diplomático y mediador global. Su superpoder es usar lo que se llama la diplomacia de pasillos: presionar en privado, hacer declaraciones públicas para marcar posición y tratar de acercar posturas. Cuando Guterres habla así, está usando todo el peso moral de su cargo para intentar influir. Es como el amigo sensato que, en una discusión, te dice oye, reflexiona sobre lo que estás haciendo.

A veces, en los conflictos más enrevesados, un gesto que parece administrativo puede ser como mover una pieza en un tablero de ajedrez gigante. Y en este juego, todos estamos mirando.