Un estudio reciente analiza el ADN de estos grandes depredadores marinos y revela un vínculo familiar más estrecho de lo que se pensaba. Los científicos secuencian el genoma completo del gran tiburón blanco y lo comparan con el del tiburón tigre y otras especies. Los resultados muestran que estos dos icónicos tiburones descienden de un ancestro común que vivió hace relativamente poco tiempo en términos evolutivos. Este hallazgo ayuda a comprender mejor cómo evolucionaron estos animales para ocupar nichos similares en los océanos.


El análisis genético revela parentesco evolutivo

La investigación, publicada en Science News, se basa en técnicas modernas de secuenciación genómica. Al procesar el material genético, los investigadores identifican firmas específicas que unen a ambas especies dentro de la familia Lamnidae. Este grupo incluye a otros tiburones de metabolismo rápido como el mako. El estudio sugiere que, a pesar de sus diferencias físicas y de hábitat, el gran blanco y el tigre comparten adaptaciones genéticas clave. Estas adaptaciones les permiten ser depredadores ápice en sus respectivos entornos.

La evolución converge en depredadores eficientes

Ambas especies desarrollaron de forma independiente características que los hacen cazadores formidables, como una temperatura corporal elevada y sentidos agudos. El parentesco genético explica por qué comparten ciertos rasgos fisiológicos. Entender estas relaciones ayuda a los científicos a trazar cómo la evolución moldea a los grandes depredadores. También aporta datos cruciales para los esfuerzos de conservación, ya que conocer su historia genética permite diseñar mejores estrategias para proteger a estas poblaciones vulnerables.

Así que la próxima vez que veas un documental, recuerda que esos dos gigantes que se reparten los mares son, en el fondo, primos lejanos con un árbol genealógico fascinante.