En Hot Chips 2026, NVIDIA desveló su hoja de ruta para ejecutar CUDA sobre CPUs RISC-V, marcando un giro estratégico. Los requisitos son exigentes: perfil RVA23, compatibilidad binaria con ACPI y coherencia PCIe para no sacrificar rendimiento en servidores. El objetivo es unificar el ecosistema heterogéneo de CPU y GPU, un paso clave para plataformas como Vera Rubin. Para los profesionales del sector, esto abre la puerta a flujos de renderizado y simulación sobre hardware más abierto.
Requisitos técnicos: RVA23, ACPI y coherencia PCIe como base 🚀
La propuesta no es un simple port. Exige que cualquier CPU RISC-V cumpla el perfil RVA23, garantizando extensiones vectoriales y atómicas. La compatibilidad ACPI permite el arranque y la gestión de energía estándar, mientras que la coherencia PCIe asegura que la memoria compartida entre CPU y GPU no genere cuellos de botella. Sin estos tres pilares, CUDA no ofrecería la latencia baja que exigen cargas de simulación. NVIDIA no regala nada: el rendimiento se negocia con una lista de condiciones cerrada, pero el resultado promete diversificar el cómputo sin depender de x86 o Arm.
Adiós al monopolio: ahora tu servidor podrá ser de código abierto (si pagas la licencia) 😏
Claro, todo suena idílico hasta que recuerdas que NVIDIA sigue vendiendo la GPU y el software. Pero la ironía es deliciosa: la misma empresa que construyó un foso con CUDA ahora necesita que RISC-V crezca para no quedarse sin alternativas ante el avance de los aceleradores custom. Así que sí, podrás usar hardware abierto, pero con la sonrisa de Jensen Huang detrás de cada driver. Al menos, cuando tu render falle, ya no podrás culpar a Intel o AMD. Ahora tendrás un fallo más democrático y comunitario.