El cineasta Andrey Zvyagintsev, exiliado en Francia tras su abierta condena al régimen de Putin, presentó en Cannes su nuevo filme Minotaur. Con 62 años, el director utiliza el conflicto ruso-ucraniano como trasfondo de una historia matrimonial. La película explora las grietas de una relación bajo presión, reflejando las consecuencias de la guerra en el ámbito más privado. Su presencia no está exenta de polémica, pues grupos ucranianos podrían ver en su participación un gesto cuestionable.
Un motor de cine indie con limitaciones técnicas 🎬
Zvyagintsev rodó Minotaur con una cámara ARRI Alexa Mini LF, buscando un tono documental que contrasta con la grandilocuencia de otras producciones sobre el conflicto. La película utiliza una paleta de colores fríos y planos cerrados para subrayar la claustrofobia de la relación. El sonido directo fue capturado con micrófonos de solapa DPA 6060, evitando postproducción artificial. La decisión de no usar CGI ni efectos visuales complejos refuerza la crudeza del drama, centrado en las interpretaciones de los actores.
El Minotauro de Cannes que no come palomitas 🍿
Ver a Zvyagintsev en Cannes es como encontrar un samurái en una feria de espuma: el director ruso, que odia a Putin con la pasión de un adolescente emo, ahora usa un drama marital para hablar de guerra. Mientras tanto, los ucranianos debaten si aplaudir o lanzarle un tomate. Porque claro, nada dice paz mundial como filmar un matrimonio en crisis con una cámara de 50.000 euros. Al menos no pidió palomitas durante el visionado.