La selección española femenina de waterpolo selló su pase a la Superfinal de la World Cup con una remontada de manual ante Hungría. El equipo dirigido por Miki Oca supo sobreponerse a un inicio adverso para imponerse en una segunda mitad cargada de intensidad. La capitana Bea Ortiz, que milita en el Ferencvaros húngaro, lideró la reacción con autoridad desde el perímetro, demostrando que conoce bien los secretos del rival.
Análisis táctico: la presión defensiva como revulsivo 🤽♀️
El cambio de guion llegó tras el descanso, cuando España ajustó su defensa en zona, pasando de una marca individual a una presión más agresiva sobre las boyas húngaras. Este movimiento táctico, combinado con transiciones rápidas, permitió a las españolas romper el bloqueo rival. La jugada clave fue la salida de balón tras recuperación, generando superioridades que Hungría no supo contrarrestar. La lectura de partido fue quirúrgica: minimizar errores en ataque estático y castigar en contraataque.
Bea Ortiz, la espía perfecta (y la que sabe dónde duele) 🏆
Que la capitana juegue en Hungría tiene sus ventajas. Bea Ortiz no solo conoce las piscinas, sino también los puntos débiles de sus compañeras de club. Se rumorea que, durante el descanso, les recordó a sus compañeras que las húngaras odian el agua fría en los tiempos muertos. Ya sea por eso o por su talento, lo cierto es que la remontada fue tan quirúrgica que hasta el banquillo rival pedía el DNI de la seleccionadora para confirmar que no era ella.