John Travolta ha debutado como director en el Festival de Cannes con Ven a volar conmigo, una cinta que narra el viaje de un niño apasionado por la aviación en 1962. Con un tono de cuento de hadas y un ritmo pausado, la película busca alejarse del cinismo actual. Travolta defiende una mirada más inocente y optimista, reflejando su propio amor por volar.
El vuelo analógico: cómo rodar sin efectos digitales en la era del CGI ✈️
Para lograr la estética de 1962, Travolta optó por rodar con cámaras de película y maquetas a escala real de aeronaves de la época. Se utilizaron tres aviones restaurados y una réplica de un aeropuerto regional. La postproducción evitó el CGI masivo, priorizando efectos prácticos como transparencias y fondos pintados. El resultado es un metraje con textura granulada y una paleta cromática que recuerda al Technicolor de los años 50.
Y en el asiento de al lado, el piloto automático de la nostalgia 🛩️
Ver a Travolta dirigiendo una historia sobre un niño que cruza Estados Unidos en avión es como ver a un jubilado enseñando a usar un GPS con un mapa de papel. El director asegura que el mundo necesita menos cinismo, pero uno no puede evitar pensar que, con lo que cuesta el combustible de un avión real, la inocencia sale más cara que un billete de primera clase. Al menos, nadie se quejará del servicio a bordo.