Publicado el 18/05/2026 | Autor: 3dpoder

The Ordinary abre tienda con aguacates de 302 dólares para criticar el lujo

The Ordinary ha lanzado Markup Marché, una tienda pop-up que vende productos básicos como aguacates y bananas a precios de lujo. Un aguacate cuesta 302 dólares y una banana 175,90 dólares. La marca busca exponer cómo las firmas premium usan lenguaje sofisticado y empaques llamativos para inflar precios sin ofrecer valor real en sus fórmulas de cuidado de la piel.

Minimalist white pop-up store interior, a single avocado placed on a polished stone pedestal under a bright spotlight, price tag hanging from a minimalist metal stand showing luxury markup, a customer holding a banana wrapped in designer tissue paper while looking at the display in disbelief, sterile gallery-like atmosphere with concrete walls and glass shelves, photorealistic retail visualization, dramatic high-contrast lighting casting long shadows, ultra-detailed fruit textures with glossy reflections, critical consumer commentary scene, cinematic composition with shallow depth of field

El algoritmo del márketing: cómo el lenguaje técnico infla el precio 🧠

La estrategia de Markup Marché replica el proceso que siguen muchas marcas de cosméticos. Primero, asignan nombres complejos a ingredientes comunes, como extracto de fruta fermentada en vez de vinagre. Luego, diseñan envases con texturas mate y tipografía minimalista. Finalmente, añaden descripciones como tecnología de liberación controlada para justificar un sobreprecio. The Ordinary desmonta este sistema vendiendo un aguacate con el mismo método: lo llaman Persea americana encapsulado en atmósfera controlada.

Cómo vender una banana como si fuera un serum facial 🍌

Imagina comprar una banana por 175 dólares. En Markup Marché, viene con una tarjeta que dice fuente natural de potasio con textura biodegradable. Suena a crema hidratante, pero es una fruta que se pondrá negra en tres días. La ironía es que muchos comprarían el discurso si lo vendiera una firma de lujo. The Ordinary demuestra que el precio no refleja el contenido, sino la habilidad del vendedor para vestir lo ordinario con palabras bonitas.