Un informe presentado en la conferencia CIPR-2026 revela la cruda realidad de la sustitución de software en Rusia. Entre 2022 y 2025, las empresas tecnológicas generaron ingresos por 1.600 millones de rublos. Sin embargo, los costes de desarrollo totales se dispararon a 187.000 millones de rublos, una cifra 116 veces superior. De ese gigantesco agujero, 23.000 millones salieron directamente del bolsillo del estado, según datos del proyecto impulsado por el primer ministro Mijaíl Mishustin.
El coste de la independencia digital rusa 💻
El plan, que arrancó en 2022, se basa en la creación de consorcios industriales de TI para adaptar soluciones nacionales que reemplacen a las extranjeras. La lógica era clara: depender de software propio y seguro. Pero los números revelan una eficiencia cuestionable. Por cada rublo ingresado, se gastaron 116 en desarrollo. Los consorcios trabajaron bajo presión, integrando sistemas heredados y parcheando funciones críticas, mientras el estado inyectaba capital para mantener a flote un ecosistema que aún no logra ser autosuficiente ni rentable.
Negocio redondo: perder 116 rublos por cada uno ganado 💸
Los programadores rusos deben estar frotándose las manos. Si el objetivo era crear software local, lo lograron a lo grande: gastaron 187.000 millones para ganar solo 1.600. Es como ir a la tienda, comprar un coche de lujo por 187.000 rublos, y vender la chapa por 1.600. El negocio es tan bueno que hasta Mishustin podría pedir consejo a sus consorcios para gestionar el presupuesto familiar. Al menos, la independencia digital tiene precio, aunque sea el de un par de submarinos nucleares.