Jannik Sinner aterriza en París como el hombre a batir. Tras barrer en los Masters 1000 de Montecarlo, Madrid y Roma, el número uno del mundo afronta su gran asignatura pendiente: conquistar Roland Garros. Es el único Grand Slam que falta en su palmarés, después de ganar Australia, Wimbledon y el US Open. La tierra batida francesa le espera. 🎾
El patrón de juego que domina la tierra batida 🏆
Sinner ha refinado su tenis sobre arcilla con una combinación de potencia controlada y desplazamiento lateral. Su derecha liftada genera ángulos que descolocan a rivales, mientras que el revés a dos manos mantiene la profundidad. El dato clave: su capacidad para cambiar el ritmo con dejadas precisas tras bolas profundas. Este mix técnico, sumado a un físico que no acusa el desgaste de tres torneos seguidos, lo sitúa por delante del resto.
El único problema: la tierra se le pega a los zapatos 😅
Sinner tiene un punto débil que nadie menciona: es incapaz de pasar desapercibido. Cada vez que aparece en la Philippe Chatrier, las cámaras lo enfocan más que a la torre Eiffel. Y aunque su juego es sólido, siempre hay un aficionado que le grita: Jannik, que esto no es pista dura. El italiano sonríe, pero se le nota que preferiría jugar con auriculares y un cartel de no molestar.