La historiadora del cómic tiene una deuda pendiente con Ruth Roche. Socia de Jerry Iger y directora del estudio Roche-Iger, supervisó la producción de títulos clave como Phantom Lady y Sheena durante la Edad de Oro. Su carrera, sin embargo, quedó sepultada por el pánico moral de los años 50. La biografía gráfica Ruth Roche: The Phantom Hand of Comics, de Joe Corallo y Meghan Hetrick, llega en octubre de la mano de Mad Cave para devolverle el lugar que merece.
El motor invisible de la línea de montaje creativa 🎨
El estudio Roche-Iger funcionaba como una cadena de producción eficiente. Mientras Iger se encargaba de las ventas, Roche dirigía el equipo creativo, coordinaba guiones y supervisaba el arte de series como Camilla. Su labor no se limitaba a la edición: también escribía bajo seudónimo y creó la tira Flamingo. Corallo, al investigar, descubrió que la falta de créditos directos era la norma en la industria. Sin archivos personales, rastreó facturas, cartas y registros de sindicatos para reconstruir su huella.
El pánico moral también se lleva por delante tu carrera 😤
Resulta que el verdadero superpoder de Ruth Roche era la invisibilidad. Cuando llegó el caza-brujas de Wertham, su nombre desapareció de los créditos con más velocidad que un personaje secundario en una serie cancelada. Pasó de dirigir un imperio del cómic a trabajar en animación, donde al menos nadie la acusaba de corromper menores. Menos mal que ahora, setenta años después, alguien ha decidido sacar del armario a la jefa que siempre estuvo ahí, pero de la que nadie hablaba.