La empresa californiana Rocket Lab ha anunciado la fabricación de su motor Rutherford número 1.000, un hito que consolida la impresión 3D como proceso industrial viable para vuelos espaciales orbitales. Este motor, que debutó en 2018 impulsando el cohete Electron, es el primero de su clase en usar fabricación aditiva y bombeo eléctrico, situándose entre los propulsores de cohete más producidos del planeta.
Fabricación aditiva y bombeo eléctrico como estándar 🚀
El Rutherford, cuyo desarrollo comenzó en 2013, emplea impresión 3D para fabricar sus componentes principales, reduciendo piezas y tiempos de ensamblaje. Su sistema de bombeo eléctrico, alimentado por baterías, elimina la necesidad de turbobombas complejas. Con mil unidades producidas en las instalaciones de Long Beach, Rocket Lab demuestra que la fabricación aditiva puede escalar a volúmenes relevantes para la industria aeroespacial, compitiendo en fiabilidad con métodos tradicionales.
Mil motores y una impresora que no descansa 🛠️
Mientras otros fabricantes sudan para ensamblar un puñado de motores al año, Rocket Lab ha alcanzado el millar con piezas que salen de una impresora como si fueran tupperwares. No es que el Rutherford sea barato, pero al menos ahora saben que si se les estropea uno, tienen otros 999 esperando en la estantería. Eso sí, los ingenieros de la competencia deben mirar sus motores soldados a mano con la misma nostalgia con que uno recuerda los disquetes.