La cirugía robótica reduce riesgos para donantes vivos y acorta estancias. Un logro técnico indiscutible. Pero mientras los quirófanos se llenan de brazos mecánicos de última generación, las salas de espera se desbordan y las enfermeras huyen del sistema. La tecnología avanza; la precariedad, también.
El brazo robótico y el hueso descubierto del sistema 🤖
Los sistemas Da Vinci y sus competidores permiten incisiones milimétricas y menor sangrado. La precisión es real. Sin embargo, ese mismo hospital que estrena robot puede tener una UCI sin personal para operarlo por la noche. La inversión en hardware no se traduce en contratación de cirujanos o personal de apoyo. El resultado es tecnología de primera y cuidados de tercera. La brecha se agranda.
Donas un riñón y te dan un vale para la lista de espera 🏥
El donante sale del quirófano con cuatro agujeros y una cicatriz invisible. Fantástico. Luego espera tres horas para que le traigan un vaso de agua porque la auxiliar está cubriendo tres plantas. La solución es sencilla: que por cada robot que compren, contraten a dos enfermeras. Pero claro, eso no vende portadas de periódicos ni da titulares electorales.