La Real Sociedad visitó Montilivi y, sin grandes alardes, logró un empate 1-1 que deja al Girona contra las cuerdas. El equipo de Míchel necesitaba los tres puntos para mantener vivas sus opciones de permanencia, pero se topó con un rival que, sin jugarse nada, supo dosificar el partido. Un gol tempranero de Brais Méndez fue respondido por un penalti transformado por Stuani, pero la falta de mordiente local en la segunda mitad fue decisiva. Con este resultado, el Girona depende de un milagro para evitar el descenso a Segunda División.
La falta de presión alta y la salida de balón condicionaron el plan ⚽
El sistema táctico del Girona evidenció carencias en la transición defensiva. La Real Sociedad, con una presión media organizada en 4-4-2, anuló la salida de balón de los centrales gerundenses. La ausencia de un mediocentro posicional que diera salida limpia obligó a los laterales a jugar en largo, perdiendo la posesión en zonas avanzadas. Además, la línea defensiva adelantada del Girona fue castigada en varias ocasiones por los desmarques de Oyarzabal y Kubo, que generaron espacios entre centrales y laterales. Sin una estructura clara para romper líneas, el ataque local se volvió previsible y fácil de leer para el bloque donostiarra.
El Girona se enreda en su propio GPS 🧭
Ver al Girona intentar salir jugando desde atrás con la parsimonia de quien va sobrado de tiempo fue casi poético. El problema es que iban perdiendo 1-0 y el reloj avanzaba. Los jugadores locales parecían más preocupados por completar pases horizontales que por buscar la portería rival. En el minuto 80, con el empate, la afición local pedía centros al área, pero el equipo optó por triangulaciones lentas que más parecían un ejercicio de calentamiento. Al final, la Real Sociedad se fue con un punto y el Girona, con la sensación de que el descenso no se merece, pero se lo han ganado a pases.