La fortaleza de Torre Baró, un castillo de principios del siglo XX situado en la sierra de Collserola, ha reabierto tras meses de obras. Diseñado por Josep Puig i Cadafalch como torre de vigilancia historicista, nunca tuvo uso militar real. Ahora, los visitantes pueden acceder a sus instalaciones y conocer su historia, una de las menos conocidas de Barcelona.
Un proceso de restauración con criterios técnicos 🏗️
La intervención se centró en consolidar la estructura de mampostería y reparar las cubiertas de teja árabe, dañadas por la humedad. Se aplicaron morteros de cal hidráulica para respetar la fábrica original y se restauraron los elementos de forja. El proyecto incluyó la instalación de una nueva iluminación LED de bajo consumo y un sistema de drenaje perimetral para evitar filtraciones futuras. El acceso se ha adaptado con pasarelas de madera.
El castillo que nunca vio una batalla (salvo contra el polvo) 🏰
Tras la restauración, la torre luce imponente, lista para repeler... turistas con prismáticos. Concebida como atalaya, su mayor gesta militar fue resistir el ataque de las malas hierbas y las palomas. Ahora, los vecinos de Torre Baró pueden presumir de castillo sin necesidad de armadura, solo con la paciencia de subir la cuesta. Un triunfo de la arquitectura sobre la funcionalidad.