El dilema no es nuevo, pero duele más cada año. Mientras los presupuestos de defensa crecen sin control, las listas de espera en salud pública se alargan y las aulas se llenan de estudiantes sin recursos. Es una elección política que profundiza las brechas sociales y alimenta un ciclo de tensiones donde siempre pierden los más vulnerables.
El coste de oportunidad de la tecnología armamentística 💰
Un caza furtivo de última generación cuesta lo mismo que mil camas de UCI equipadas durante una década. Los sistemas de defensa antimisiles consumen en un año el presupuesto de formación de cien mil docentes. No se trata de eliminar la defensa, sino de aplicar métricas de retorno social: cada euro en armamento debería exigir otro euro en infraestructura civil. Un algoritmo de priorización no fallaría tanto.
Tanque nuevo, ambulatorio en obras (y viceversa) 🏥
Alguien en algún ministerio debe pensar que un misil cura resfriados o que un portaaviones alfabetiza. Porque no se explica que, mientras millones carecen de agua potable, haya presupuesto para blindar fronteras con drones de vigilancia. Quizá el próximo modelo de carro de combate venga con botiquín de primeros auxilios incluido, para que al menos sirva de algo cuando fallen los hospitales.