Cuando el Apolo 11 regresó, la NASA no solo buscaba rocas. Para descartar riesgos biológicos, alimentaron con polvo lunar a codornices, gambas y cucarachas. El único fallecido fue un grupo de peces guppys, pero la autopsia reveló que murieron por vapores de un desinfectante derramado, no por el regolito. El veredicto fue claro: la Luna era estéril y segura para la vida terrestre. 🌙
El lado técnico del regolito lunar 🔬
El polvo lunar es un material abrasivo compuesto de silicatos, vidrio y minerales como ilmenita. Su origen proviene de impactos de micrometeoritos que fracturan la roca en partículas afiladas. Aunque el experimento de 1969 demostró que no contenía patógenos, los astronautas del Apolo 17 reportaron síntomas similares a la fiebre del heno al inhalarlo. La inhalación de estas partículas puede causar irritación pulmonar y daño ocular, lo que obliga a diseñar sistemas de filtración avanzados para futuras misiones.
Cena lunar: el menú que no mató a nadie (casi) 🍽️
La NASA ofreció a sus animales un banquete de lujo: polvo lunar esterilizado, sin esterilizar y hasta pasarelas sobre el material. Las codornices y cucarachas lo devoraron sin queja, mientras las gambas y ostras sobrevivieron para contarlo. Solo los guppys decidieron suicidarse colectivamente, pero resultó ser un accidente de limpieza. Nadie les preguntó si preferían agua lunar. Al final, el polvo resultó más peligroso para los humanos que para una cucaracha.