La relación del ciudadano con la política se parece a la de una ex pareja tóxica. No quieres reconciliarte, pero cada noche abres su perfil para ver si ha cambiado. Sabes que te falló, que prometió y no cumplió, pero algo te mantiene enganchado al scroll. Esa mezcla de desconfianza y curiosidad define nuestra era.
El algoritmo del desencanto: ¿quién programa el bucle? 🤖
Los desarrolladores de plataformas sociales han optimizado este comportamiento. Cada like, cada comentario airado sobre un político, alimenta un modelo de machine learning que prioriza contenido polarizante. El sistema detecta tu desencanto y te sirve más dosis: memes, noticias negativas, discursos vacíos. No es conspiración, es ingeniería de engagement. El ciudadano atrapado en este feed es un usuario más, y su engagement es el producto.
Modo avión emocional: no le escribas, solo stalkea 📱
Así que aquí estamos, bloqueando a la política de nuestros contactos pero guardando su número en favoritos. Revisamos sus stories (los mítines) y nos indignamos con sus publicaciones (los decretos). Lo peor es que sabemos que no va a cambiar, que su perfil de Tinder electoral siempre será el mismo. Pero oye, al menos tenemos contenido para el café de la mañana y la excusa perfecta para no comprometernos con nadie más.