Nissan afronta un escenario complejo con pérdidas millonarias, pero confía en volver a beneficios. La marca japonesa sufre el impacto de los aranceles en EE.UU., la inestabilidad en Oriente Medio y la embestida de los fabricantes chinos. A esto se suman sus propios problemas internos, lo que hace que su plan de recuperación sea una tarea cuesta arriba en un mercado cada vez más hostil.
Electrificación tardía y falta de modelos competitivos 🔋
El principal problema técnico de Nissan reside en su lenta transición hacia la electrificación. Mientras sus rivales chinos lanzan vehículos eléctricos con autonomías superiores a 700 km y precios agresivos, Nissan aún depende de modelos híbridos antiguos y de su gama e-Power, que no termina de cuajar fuera de Japón. La falta de una plataforma nativa para eléctricos de nueva generación lastra su capacidad para competir en el segmento que más crece. La compañía necesita renovar su catálogo con urgencia y recortar costes de producción para no quedar relegada, un reto que requiere inversiones millonarias en I+D que ahora mismo escasean.
El plan de rescate: vender más coches rezando 🙏
La estrategia de Nissan para salir de números rojos parece calcada de un manual de autoayuda financiera: recortar gastos, subir precios y esperar lo mejor. Su plan incluye reducir inventarios y lanzar modelos renovados, aunque muchos son versiones maquilladas de coches que ya nadie recuerda. Mientras los chinos venden eléctricos como churros, Nissan confía en que su legendaria fiabilidad obre el milagro. Lo más divertido será ver si los concesionarios aguantan la respiración mientras la dirección espera que el mercado olvide sus años de penuria.