Los eventos políticos y tecnológicos comparten una liturgia idéntica: el líder sube al escenario, la masa corea consignas y cada asistente siente que pertenece a algo superior. No hay diferencia entre un mitin y una misa. El fervor es el mismo, la llamada al hermano resuena igual, y el ofertorio se disfraza de donación o de compra de merchandising para financiar la siguiente campaña.
La ingeniería de la fe colectiva en plataformas digitales 🙏
Los algoritmos de redes sociales replican la estructura de un templo. El sistema de recomendaciones actúa como un sacerdote que guía al fiel hacia contenido que refuerza su creencia. Las notificaciones son campanadas que llaman a la oración diaria. Los desarrolladores diseñan bucles de retroalimentación que generan dopamina, el incienso químico del siglo XXI. El código fuente es el nuevo catecismo, y cada actualización es una reforma litúrgica.
El cepillo digital: cuando tu like es la moneda del templo 💰
En la misa tecnológica, el cepillo no pasa con billetes, sino con notificaciones de suscripción. El hermano que dona diez euros al mes obtiene un asiento en primera fila y un emoji exclusivo. El que no paga, escucha el sermón desde el fondo, con publicidad. Lo gracioso es que ambos creen que reciben la misma salvación. Pero el cura digital siempre sabe quién puso la moneda. Y sonríe.