Una reciente noticia destapa la paradoja empresarial del momento: se invierten fortunas en inteligencia artificial sin pruebas de que genere beneficios, mientras hospitales y escuelas sufren recortes. Las compañías exigen eficiencia a sus empleados, pero no pueden justificar su propio gasto estrella. Esta hipocresía revela una gestión desconectada de la realidad social.
La trampa del algoritmo sin retorno tangible 🤖
Implementar IA requiere infraestructura, datos y mantenimiento constante. Sin métricas claras de retorno, estas inversiones se convierten en un sumidero de recursos. Mientras tanto, áreas como sanidad o educación, con impacto social medible, quedan desatendidas. La eficiencia que se exige a los trabajadores debería aplicarse a la cúpula directiva: priorizar proyectos con beneficios reales, no modas tecnológicas sin sustento. La transparencia en la asignación de capital es una deuda pendiente.
La IA que no sabe sumar dos más dos 🦄
Parece que en algunas empresas la inteligencia artificial es como un unicornio: todos quieren uno, pero nadie sabe para qué sirve. Mientras, los trabajadores reciben correos automáticos pidiendo eficiencia, escritos por un algoritmo que no ha ahorrado ni un euro. Quizá lo más inteligente sería invertir en lo básico antes de pedirle a una máquina que resuelva problemas que ni siquiera entendemos.