A pesar de los patrullajes conjuntos de Francia y Reino Unido, miles de migrantes siguen intentando cruzar el Canal de la Mancha. Cada año, decenas se congregan en la costa norte francesa para superar los 34 kilómetros que separan ambos países. Algunos huyen de la guerra, otros buscan una vida mejor. Solo en el último año, cerca de 41.000 personas realizaron esta peligrosa travesía, la mayoría de Eritrea, Afganistán, Irán, Siria e Irak.
Drones y sensores: la tecnología al servicio del control fronterizo 🛰️
Para frenar estos cruces, las autoridades han desplegado tecnología avanzada. Drones de vigilancia con cámaras térmicas sobrevuelan la costa francesa las 24 horas, detectando embarcaciones improvisadas. Además, se han instalado sensores de movimiento en puntos clave y sistemas de radar marítimo que alertan a las patrullas. Sin embargo, los migrantes adaptan sus métodos: usan botes de goma más rápidos y parten de noche para evadir la detección. La tecnología reduce los intentos, pero no los elimina.
El canal como atracción turística no deseada 😅
Si el Canal de la Mancha fuera un destino turístico, tendría críticas mixtas. Las vistas son espectaculares, dicen, pero el servicio de ferry es pésimo: los pasajeros llegan mojados, sin equipaje y a veces sin bote. Además, la policía ofrece un tour gratuito de vuelta a Francia. Eso sí, el viaje es emocionante, siempre que no te importe compartir asiento con un motor fueraborda averiado y 50 personas más.