El veterano periodista de sucesos Manuel Marlasca regresa al género negro con una segunda novela que bebe directamente de su experiencia en la crónica policial. La obra, según su autor, indaga en la idea de que todos guardamos aspectos oscuros que preferimos ocultar. Historias que rozan la realidad y muestran la compleja línea entre la ley y la transgresión.
Cómo la experiencia de campo moldea la narrativa criminal 🕵️
Marlasca no especula. Su narrativa se construye sobre años de cobertura de casos reales, donde el método policial y la psicología del delincuente son el esqueleto de la trama. El autor traslada al papel la jerga forense, los protocolos de investigación y los silencios de las comisarías. Cada capítulo funciona como un atestado literario, donde la verosimilitud no es un adorno, sino la base del relato.
El lado oscuro no perdona ni al vecino del quinto 😈
Porque sí, según Marlasca, todos tenemos un armario con esqueletos. Unos esconden la deuda de la comunidad de vecinos y otros, un cadáver de verdad. La gracia está en que el autor te hace sentir que tu secreto más turbio podría ser solo no haber devuelto el tupper, mientras sus personajes lidian con cosas mucho más gordas. Menos mal que la ficción nos recuerda que siempre hay alguien peor.