El francés Paul Magnier (Soudal-Quick Step) se impuso al esprint en la tercera etapa del Giro de Italia, un trazado de 175 kilómetros entre Plovdiv y Sofía, en Bulgaria. Esta es su segunda victoria en la edición 119 de la carrera. Magnier superó en una llegada ajustada a Jonathan Milan (Lidl-Trek) y Dylan Groenewegen (Unibet Rose Rockets), que completaron el podio en una jornada donde la velocidad marcó el ritmo.
La mecánica del esprint: cómo gestionar la potencia en los últimos metros 🚴
El éxito de Magnier en esta etapa se sustenta en una precisa gestión de la cadencia y la potencia. En los sprints masivos, los ciclistas alcanzan picos de vatios cercanos a los 1.500 W, pero la clave está en la liberación de energía en el momento exacto. Magnier, apoyado por el trabajo de su equipo en los últimos 3 kilómetros, logró mantener una línea limpia sin desgastarse en los bloqueos. La aerodinámica de su bicicleta y la posición sobre el manillar redujeron la resistencia al viento en un 5%, permitiéndole acelerar por el lado derecho del pelotón.
El GPS se volvió loco o Magnier tiene un imán en las ruedas 🧲
Parece que Magnier encontró un atajo que no figura en los mapas. Mientras Milan y Groenewegen calculaban dónde colocar la rueda, el francés apareció como si hubiera usado un teletransporte de ciencia ficción. Los equipos rivales ya están revisando las imágenes por si el francés lleva un motor oculto en el bidón o si simplemente contrató a un mago búlgaro. Lo cierto es que, si sigue así, los demás sprinters deberán pedir cita con un vidente para saber por dónde va a salir.