La Compañía Nacional de Danza presentó una velada doble que dejó sensaciones opuestas. Por un lado, la coreógrafa malagueña Luz Arcas impactó con Masa, una obra que convierte el escenario en un organismo vivo donde el grupo se mueve como un solo cuerpo. Por otro, Tablero, de Korsia, intentó sumar capas de significado pero terminó tropezando con su propia ambición. Dos propuestas, dos resultados muy distintos.
Masa: el motor colectivo como tecnología escénica 🎭
La propuesta de Arcas funciona porque entiende el movimiento grupal como un sistema de engranajes. Cada bailarín es una pieza que encaja en un mecanismo coreográfico preciso, donde la fuerza no nace del individuo sino de la sincronía. La puesta en escena apuesta por la repetición y la acumulación de gestos, generando una tensión que crece sin necesidad de efectos externos. Es danza pura que habla de identidad sin recurrir a discursos explícitos. La dirección de actores y la iluminación refuerzan esa sensación de masa orgánica que respira y se contrae.
Tablero o cómo perderse en el propio laberinto 🧩
Korsia quiso hacer algo grande y le salió un revoltijo. Tablero tiene imágenes potentes, pero tantas ideas juntas parecen una mudanza mal empaquetada: todo se cae por el camino. Hay un momento en que los bailarines parecen preguntarse qué hacen ahí, y el público también. Menos mal que Arcas llegó antes para recordarnos que menos es más, aunque Korsia no se haya enterado.