La Oreja de Van Gogh ofreció un concierto especial junto a Amaia Montero, su vocalista original, repasando los temas que marcaron a varias generaciones. El público, de distintas edades, coreó cada canción con una entrega total. La banda donostiarra demostró que su música sigue vigente tras tres décadas de trayectoria, conectando con los asistentes a través de melodías que son patrimonio emocional colectivo. La presencia de Montero añadió un valor nostálgico que reforzó el vínculo entre el grupo y sus seguidores.
La ingeniería de sonido que sostuvo el reencuentro 🎧
Detrás del reencuentro hubo un despliegue técnico notable. El sistema de sonido, configurado con arrays lineales de última generación, permitió una cobertura uniforme en todo el recinto. Se utilizaron micrófonos de condensador de diafragma grande para captar la voz de Amaia Montero con claridad, mientras que los monitores intrauditivos garantizaron el tempo preciso entre los músicos. La mezcla en tiempo real requirió un ecualizador paramétrico para evitar realimentaciones, dado el volumen del público. Todo esto aseguró que cada nota de clásicos como Rosas sonara sin distorsión.
El dilema de elegir canción para ir al baño durante el concierto 🚽
En un concierto así, el único problema serio es decidir cuándo ir al baño sin perderse un temazo. Porque, seamos sinceros, no hay momento malo para mear, pero sí momentos pésimos: justo cuando suena el primer acorde de Cuídate o El último vals. El público, en pleno éxtasis nostálgico, prefirió aguantar la vejiga antes que perderse un solo segundo. Al final, el verdadero héroe de la noche no fue el técnico de sonido, sino el que logró no levantarse ni para aplaudir.