La política actual se asemeja a un estadio. Los militantes viven cada debate como un partido, con lealtad ciega al escudo del partido y silbidos constantes al árbitro, que en este caso es el juez. Nunca se reconoce un penalti en contra, solo se busca la excusa perfecta para culpar al sistema o al rival. Es una dinámica que desgasta la democracia. ⚽
El algoritmo de la fidelidad: cómo se programa a la hinchada 📲
Las aplicaciones de gestión de bases de datos y los sistemas de mensajería masiva permiten segmentar a los simpatizantes con precisión quirúrgica. Se envían notificaciones que refuerzan la narrativa del partido, bloqueando automáticamente cualquier fuente externa. Los algoritmos de recomendación, similares a los de redes sociales, crean cámaras de eco donde la autocrítica es un bug no deseado. El software de análisis de sentimientos mide la temperatura de la hinchada.
El VAR político: para revisar penaltis ajenos, no propios 📺
Si existiera un VAR para la política, los militantes lo pedirían solo para revisar las faltas del equipo contrario. Un penalti claro de su partido se explicaría como un resbalón del jugador o una conspiración del césped. La tecnología, en lugar de imparcialidad, se usaría para ralentizar la jugada hasta encontrar un ángulo que justifique la patada. Al final, el VAR solo sirve para confirmar que el árbitro siempre tiene la culpa.