Una de las teorías históricas más fascinantes sugiere que tras la batalla de Carrhae en el 53 a.C., miles de soldados romanos capturados por los partos no desaparecieron. Según esta hipótesis, fueron reubicados como mercenarios en la frontera oriental del imperio parto, donde acabaron fundando o integrándose en la aldea de Liqian, en la actual provincia de Gansu, China. El debate combina arqueología, genética y mitología. 🏛️
ADN y arqueología: la evidencia técnica del caso 🔬
Desde los años 50, investigadores han analizado restos en Liqian en busca de rasgos genéticos europeos. Pruebas de ADN mitocondrial en habitantes locales mostraron un porcentaje de linajes occidentales superior al de regiones vecinas, pero no concluyente. La arquitectura de la zona presenta elementos como un fuerte con forma de hexágono y restos de cerámica que recuerdan a técnicas romanas del siglo I a.C. Sin embargo, la falta de documentación escrita china o parta coetánea deja el caso en un terreno especulativo. El uso de análisis de isótopos de estroncio en esqueletos podría ofrecer datos más sólidos sobre migraciones antiguas.
César, los partos y un error de traducción monumental 😅
La teoría se popularizó cuando un historiador sugirió que el nombre Liqian derivaba de Legión, pero resulta que la palabra china ya existía antes de Craso. Vamos, que igual los romanos no fundaron nada, solo llegaron a un pueblo que ya se llamaba así y dijeron: pues aquí nos quedamos. Lo más gracioso es que si preguntas a un vecino de Liqian si es descendiente de un legionario, te dirá que su abuelo era agricultor y que lo único romano que conoce es el fútbol. Pero oye, los genes no mienten del todo, aunque el marketing turístico sí exagera un poco.