La inteligencia artificial llegó como la solución mágica para recortar costes y optimizar procesos. Sin embargo, en Estados Unidos la realidad es otra: la inflación ha marcado su nivel más alto en tres años, impulsada por el petróleo, los aranceles y, sorprendentemente, la fiebre por la IA. La demanda de chips y componentes electrónicos no para de crecer, y eso se nota en el bolsillo.
Chips más caros: el coste oculto del desarrollo de IA 💻
La carrera por dominar la IA ha disparado la necesidad de GPUs, memorias HBM y servidores de alto rendimiento. Fabricantes como TSMC y Samsung han subido precios ante la escasez de capacidad de producción. Cada nuevo datacenter consume cantidades ingentes de hardware, lo que tensiona la cadena de suministro global. Aunque el impacto en el IPC general es aún reducido, sectores como el hardware corporativo ya sienten la presión alcista.
La IA no abarata nada, pero al menos tenemos chatbots 🤖
Resulta que la inteligencia artificial no solo no ha reducido costes, sino que ha vuelto más caros los ordenadores. Ahora, cuando tu PC se queda obsoleto, no es por culpa de Windows, sino porque necesitas una tarjeta gráfica de 3.000 euros para que ChatGPT te escriba poemas. Lo peor es que, mientras la inflación sube, las empresas siguen vendiendo la IA como una ganga. Menos mal que al menos los precios del petróleo bajan... o no.