Japón enfrenta un dilema habitacional singular: sus 13 sanatorios nacionales para la enfermedad de Hansen albergan a 554 residentes con una edad promedio superior a los 89 años. En el Sanatorio Amami Wakoen, en Kagoshima, solo quedan seis personas. El reciente Congreso Ciudadano sobre la Enfermedad de Hansen en Amami discutió cómo preservar estos centros cuando ya no haya pacientes.
Reutilización técnica y preservación del patrimonio arquitectónico 🏛️
Los arquitectos proponen convertir los pabellones en centros de investigación sobre enfermedades infecciosas o espacios de memoria histórica. La infraestructura, con sistemas de aislamiento y ventilación avanzados, permite adaptaciones técnicas sin grandes reformas. Algunos sanatorios podrían albergar laboratorios de bioseguridad nivel 3, aprovechando sus diseños originales de separación de flujos. El gobierno evalúa costes de mantenimiento frente al valor patrimonial de edificios centenarios.
Cuando la última habitación sea para el archivero 🗂️
La solución más creativa llegó de un funcionario local: convertir el sanatorio en un resort de lujo con temática médica. Los huéspedes podrían dormir en camas de hospital restauradas y desayunar bandejas de gelatina sin sabor. El spa ofrecería baños de yodo, y el bar serviría cócteles con nombres de cepas bacterianas. Eso sí, el check-out sería voluntario, pero la nostalgia obligatoria.