La tensión en el estrecho de Ormuz escala un peldaño más. Dos dragaminas italianos, el Crotone y el Rimini, han zarpado desde el puerto siciliano de Augusta con destino a Yibuti, donde Italia mantiene una base estratégica. La misión, anunciada por el ministro Guido Crosetto, busca adelantarse a un posible conflicto en la zona, ya que las fuerzas aliadas tardarían casi un mes en llegar desde sus posiciones actuales.
Navegación lenta y escolta antiaérea para un despliegue técnico 🚢
Los dragaminas, especializados en localizar y neutralizar artefactos explosivos submarinos, navegarán a baja velocidad escoltados por el buque de apoyo logístico Atlante y la unidad multirrol Montecuccoli, dotada de capacidad de defensa aérea. La tripulación, unos 400 efectivos entrenados en el Mediterráneo, se integrará en un futuro dispositivo de una veintena de naciones. El área es peligrosa por las minas que Irán podría desplegar para bloquear el tránsito de petroleros.
Barriendo el mar, pero a paso de tortuga 🐢
La Armada italiana ha enviado a sus mejores barredores de minas, que viajan tan lento que podrían llegar a Yibuti justo a tiempo para ver cómo se resuelve la crisis en el telediario. Eso sí, con 400 marineros a bordo y escolta armada, al menos tendrán tiempo de sobra para jugar al bingo en cubierta mientras cruzan el canal de Suez. La OTAN respira aliviada: por fin alguien llega tarde con estilo.