La noticia desvela la gran paradoja tecnológica: usar gas natural licuado para alimentar la inteligencia artificial mientras se vende como energía limpia. En realidad, este combustible fósil agrava la crisis climática y amenaza con disparar el precio de la electricidad para los hogares. Las grandes empresas priorizan la expansión de sus servidores sin evaluar el coste social y ambiental de sus operaciones.
Centros de datos: el apetito energético que no se frena ⚡
Cada consulta a un modelo de IA puede consumir hasta diez veces más energía que una búsqueda convencional. Para sostener este crecimiento, las compañías recurren al gas natural licuado, cuya extracción y transporte generan emisiones de metano. Mientras tanto, la energía solar o eólica, que sí son renovables, quedan en segundo plano. Se necesita una regulación que limite el consumo de estos centros para que su factura no recaiga en el usuario final.
La transición ecológica según las tecnológicas: más gas, por favor 😅
Parece que la transición energética consiste en cambiar el carbón por gas, pero con un logo de nube y un asistente virtual. Ahora resulta que para que una máquina aprenda a escribir poemas, necesitamos perforar el Ártico. Mientras tanto, tú apagas la luz para ahorrar y ellos encienden una central térmica para que la IA te recomiende una serie. Al menos el planeta se ríe, aunque sea con hipocresía.