La banda Hombres G ha lanzado el documental Los mejores años de nuestra vida, un repaso a cuatro décadas de carrera entre éxitos en España y Latinoamérica y conflictos internos. En la promoción, el batería Javier Molina lanzó un discurso sobre la libertad creativa, afirmando que los artistas deben acabar con la censura de quienes manipulan y dirigen como marionetas. Una postura que, lejos de ser un simple exabrupto, ha abierto el debate.
El desarrollo técnico de la libertad en la industria musical 🎵
La declaración de Molina resuena en un sector donde el software de producción y las plataformas de distribución ejercen un control silencioso. Los DAWs como Pro Tools o Ableton permiten editar, cuantizar y corregir cada nota, mientras que los algoritmos de Spotify deciden qué canciones llegan al oyente. El artista, a menudo, se convierte en un engranaje de un sistema que premia lo predecible. La verdadera libertad creativa, según Molina, implicaría saltarse esas capas de filtros y devolver el control al músico, aunque eso suponga no sonar en las listas virales. Una postura que choca con la realidad del mercado.
Marionetas, censura y el negocio de vender camisetas 🎤
Claro, es fácil hablar de romper cadenas cuando llevas décadas tocando en estadios. Pero el consejo de Molina recuerda a ese amigo que te dice que dejes el trabajo para dedicarte a la pintura, mientras él vive de las regalías de Voy a pasármelo bien. La censura no siempre viene de un ejecutivo con bigote; a veces viene de la necesidad de pagar el alquiler. Eso sí, si el próximo disco de Hombres G suena a experimento de jazz fusión, ya sabremos quién fue el culpable.